Cuento con lana

Cuentos y recetas de Brujulita y la abuela Clementina

Cuento con lana

A la abuela Clementina le encantaba tejer.

Hacía, con lanas muy gruesas, bufandas para todos los friolentos de Villa Alelí, con hebras de luz, tenues vestidos para las hadas, con hilos de agua, capas de fiesta para las princesas.

Una mañana de verano llegó al pueblo un juglar. Llegó y se fue como una ráfaga de viento. Se diría que nunca estuvo allí si no fuera porque dejó olvidada, en el banco de la plaza, una cajita azul.

Intentaron avisarle, pero por mas que lo buscaron no lo pudieron encontrar: se había esfumado.

−¿Qué hacer con la caja?− se preguntaron todos

−Será mejor que alguien la guarde hasta que el dueño la venga buscar.−dijo Pablo el alcalde

−¿Y quién la puede tener?

−Donde vivo no hay lugar para nada más − se excusó Pepe

−En mi casa no se puede−se apuró a decir Doña Nona− porque mis nietos rompen todo lo que encuentran..

La verdad es que nadie quería llevársela porque les daba miedo lo que pudiera guardar: ¿arañas? ¿Un espectro temible? ¿Sueños horrorosos?

−Yo la cuidaré −dijo entonces Clementina que no se asustaba ante bichos, fantasmas ni pesadillas. Y así fue que puso la cajita en el estante de los tejidos.

El tiempo pasó, llegaron días de frío y días sol. Y el juglar no regresó.

Una tarde el duende Pilú le pidió:

−Clementina: Esta noche en el baile de la primavera le preguntaré a Plinia si quiere ser mi novia, me gustaría llevarle un regalo especial. ¿Podrías tejérmelo?

La abuela dijo. −Por supuesto! Ven esta tarde.

Pero cuando fue al estante notó que luego de hacer una colcha muy larga, muy linda y muy abrigada había olvidado comprar nuevas madejas: Y ¡no tenía más lana! Tampoco hebras de luz, ni hilos de mar. ¿Con que tejerle a Pilú?

En un costadito estaba la cajita cerrada ¿Que habrá dentro? La curiosidad era como un mosquito zumbón. ¿Y si espiaba? Total después de tanto tiempo el juglar no iba a regresar. Levantó apenas, muy despacio (porque una cosa es no tener miedo y otra muy distinta es ser temeraria ) la tapa y miró: la caja estaba llena de palabras: largas, cortas, graves y esdrújulas. ¡Cuantas! - Se asombró Clementina, y ahí nomás se le ocurrió una idea

Con mucho cuidado tomó un montón de palabras bonitas y tejió con ellas una capa en forma de corazón.

− ¡Es hermosa!− saltó de alegría Pilú

−Y además es abrigada, para el frío aclaró la abuela.

Y esa noche, en el baile, cuando la duendecilla Plinia se probó la capa dijo− ¡Es bellísima! Gracias. Y luego agregó ¡Claro que quiero ser tu novia!

Y desde ese día todos los vecinos quisieron ropas hechas con ese tejido especial:

Clementina el lunes viene el gobernador. Quisiera lucir algo que me haga ver importante. Usted podría... − dijo Pablo, el alcalde.

Y entonces la abuela le hizo un chaleco tejido con un montón de palabras difíciles

"Las últimas medidas direccionadas hacia la estabilidad se basan en la sustentabilidad" −dijo el alcalde apenas se lo probó− ¡Oh no entiendo nada! Pero seguro que suena importante! Gracias Cleme− agradeció muy feliz.

Todos tuvieron suéteres, capas, vestidos y bufandas, hechos con palabras lindas, importantes, difíciles, impresionantes, para jugar para adivinar.

Y entre lanas,V cortas y B largas, y fueron tejiéndose noches con fríos y días de lluvia, hasta que por fin llegó el verano.

Con el calor llegaron también las ganas de bañarse en el río y de pasear a la luz de la luna.

Una mañana de sol y de domingo regresó el juglar.

Todos estaban tomando fresco en la sombra del sauce cuando el joven se acercó con cara de preocupación

−Buenos días −saludó.− ¿Por casualidad no han visto una cajita azul? la estuve buscando y no se donde la dejé

Se hizo un silencio pesado y caluroso. Todos se miraron y por fin Clementina se animó a decir−la tenemos nosotros pero..

−¡Oh que alegría! ¿me la pueden devolver?

−Ya mismo se la busco - dijo la abuela y regresó con la cajita.

Cuando el juglar levantó la tapa, abrió grandes lo ojos: −¡Está vacía!

Clementina hubiese querido ponerse una bufanda hecha con excusas pero como no tenía ninguna, tuvo que decir la verdad:−Es que creímos que ya no vendría.

Esperaban oír un reto, pero el juglar en vez de enojarse se sentó muy triste en el banco

−¿Y ahora qué voy hacer? Yo voy de pueblo en pueblo llevando y trayendo historias, pero sin palabras ¿cómo las voy a contar?

Clementina sintió mucha pena, y mucha culpa ¿como podría remediar lo que había hecho? Y como siempre que tiene una preocupación decidió ir a su cocina a hacer un pastel para pensar mejor. Batió huevos harina, colocó la torta en el horno y esperó. La habitación se llenó de aroma a chocolate y crema. Y con el aire delicioso se le despertó el ingenio: −¡Tengo una idea! Tomó hebras de aroma y comenzó a tejer.

Esa tarde llamó al juglar. -Le hice esta capa− le dijo− Pruébesela.

−Gracias− dijo el joven y a pesar de que estaba muy afligido admitió− Es muy linda.

Se la colocó sobre los hombros y al instante, sintió un intenso aroma a fiesta de cumpleaños, a pan recién horneado y unas enormes ganas: ¡De cocinar! De hacer tortas y pasteles, y galletitas y pan.

−¡Gracias! −saltó lleno de entusiasmo

−Eso no es todo− dijo la abuela y le colocó un gran gorro tejido con palabras nuevas, recién inventadas, que hablaban de noches de fiesta y de paseos en bicicleta.

El juglar le dio un gran abrazo a la abuela y desde esa tarde recorre los pueblos contando historias tan nuevas como las palabras, haciendo deliciosos pasteles de crema de chocolate y de dulce que son los más ricos que hay.


Desde ese día el juglar recorrió los pueblos contando estas deliciosas historias que oyó y horneó en la cocina de Clementina...

Pastel:

Necesitaremos:

320grs. de harina leudante.

200grs. de azúcar.

200grs. de cacao dulce ( o chocolate en polvo)

100grs. de manteca.

2 huevos.

250 cm3 de agua un poco caliente o leche tibia.

(para medir podemos usar la jarra medidora, si no tenemos una podemos usar el pote de yogurt de 250 cm3


Preparado:

En un bol colocamos la harina, el azúcar y el cacao. Mezclamos y mezclamos.

En otro bol, ponemos los huevos y con un tenedor batimos y batimos, después se los agregamos a la harina. Revolvemos despacito. Ahora agregamos el agua y revolvemos una vez, dos tres más, hasta que todo quede como una crema.

Ponemos un poquito de manteca en un molde y con los dedos la esparcimos por toda la superficie. Agregamos un poquito ( menos de un puñado) de harina y la sacudimos para que el polvillo cubra todo el molde. Esto es importante, se llama enmantecar y enharinar y sirve para que no la torta no se pegotee. Ponemos la crema que hicimos en el molde y gritamos− mamá (o mejor: papá) y le pedimos que encienda el horno y coloque la torta. Esperamos unos 50 minutos y cuando haya un olorcito a cumpleaños, le pedimos a una persona grande que apague el horno y retire nuestro pastel.

Si deseas recibir el relato en PDF (con los dibujos) y un audio del Secreto del pan puedes escribirme a adballesteros@gmail.com y te lo haré llegar.